Michel Olguín/Damián Mendoza
Para Rodrigo Medellín, los murciélagos deberían ser parte de nuestra identidad mexicana. Son fundamentales en la reproducción de la planta del tequila y el mezcal
A Rodrigo Medellín lo conocen como el Batman de la UNAM, la mayor parte de su vida la ha dedicado al estudio de los murciélagos. El investigador del Instituto de Ecología de la UNAM explica que, aunque los mamíferos voladores son una de las especies más benéficas, son de las más incomprendidas y atacadas.
Para defender a los murciélagos de los malhechores, Medellín Legorreta explica en entrevista que gracias a ellos los ecosistemas funcionan. “Nos traen tres aspectos muy positivos: ayudan con el control de las plantas agrícolas, la dispersión de semillas y la polinización de plantas”.
Devoran las plagas de insectos que atacan a los cultivos de maíz, algodón, arroz, chile, jitomates y frijoles. En la franja fronteriza norte, desde Sonora hasta Tamaulipas existen de 20 a 40 millones de murciélagos que devoran 10 toneladas de insectos por noche.
Dispersan semillas de frutos como los chicos zapotes, zapotes negros, zapotes blancos, nanches, capulines, higos, guayabas, entre muchas otras. Durante siglos han restaurado los bosques tropicales de todo el mundo. “Si dejáramos que hicieran su trabajo, regenerarían la selva en 20 años”, señaló el investigador.
Son de los polinizadores importantes del planeta. Por ejemplo, ayudan a que la Ceiba se multiplique, contribuyen con el agave, que nos brinda, el tequila, mezcal, pulque, e incluso con la barbacoa que se envuelve en hojas de maguey.
Para Medellín, los murciélagos deberían ser parte de nuestra identidad mexicana, apoyan la reproducción de la planta del tequila y mezcal.
El primer murciélago
Al igual que Batman, Rodrigo Medellín también se siente atraído por las cuevas. A los 13 años visitó por primera vez el Cañón del Zopilote en Guerrero, quedó prendado del primer murciélago que tuvo en sus manos.
William López-Forment, quien era investigador del Instituto de Biología, lo llevó al sitio, y le brindó el mejor legado: el quiróptero que habían capturado. Su maestro le dijo: estúdialo y obsérvalo. Medellín se planteó varias preguntas: ¿por qué tenía las orejas inmensas?, ¿qué comían?, entre otras.
Posteriormente observaron otras especies de murciélagos y cada uno despertaba más su curiosidad. Se interesó en saber por qué la gente les tiene tanto miedo y por qué no son considerados como héroes de la biodiversidad.
En ese momento supo que dedicaría toda su vida a los murciélagos y su fascinación creció al conocerlos a fondo. Descubrió que en el mundo existen mil 400 especies, México cuenta con 140. De hecho, sólo cinco países tienen más especies que el nuestro.
Los quirópteros son taxonómicamente diversos en su morfología y su ecología. “Tenemos murciélagos con orejas enormes o chiquititas; ojos enormes o chiquititos; trompas muy largas, o muy cortitas; de colores blancos, negros, cafés, rojos, nevados, manchados, en fin, muchos tipos”.
Cada uno de ellos tiene un papel muy diferente en su hábitat, además viven en todos los ecosistemas terrestres, excepto en los polos norte y sur.
Sintió desde muy pequeño una gran fascinación por todos los animales. Cuenta que su primera palabra no fue papá y mamá, sino flamingo.
Cada navidad y cumpleaños el pequeño Rodrigo pedía libros de animales, ir al zoológico o visitar el campo. Miraba por horas en esas páginas con diferentes especies. Adquirió poco a poco su principal poder: el conocimiento de los mamíferos. “Yo sentía mucha curiosidad y pasión”.
En su adolescencia y juventud pasó muchas horas en el Instituto de Biología de la UNAM, pero ¿cómo llegó? El científico recuerda que de niño veía el programa “El premio de los 64 mil pesos” y se le metió la idea en la cabeza de concursar.
“Cuando le conté la idea a mi mamá, me miró como diciendo: este niño está loco”. No se dejó convencer de lo contrario hasta que ella lo llevó con los productores. Éstos lo miraron y dijeron que no se trataba de un programa para niños como Chabelo, sino que era para gente con bastante conocimiento. Su mamá respondió: “pues pregúntenle al niño a ver si sabe”. Quedaron impactados con el pequeño y lo dejaron concursar. Fue el primer pequeño de 11 años en el programa.
Todo mundo veía el show, incluyendo a Bernardo Villa, creador del estudio de los mamíferos en México y decano del Instituto de Biología (IB) de la UNAM. El investigador detectó su potencial y lo invitó al IB. Desde entonces no salió de la UNAM, se formó como biólogo y hoy es reconocido a nivel mundial por su trabajo.
A la defensa de los murciélagos
La gente tiene un miedo totalmente infundado a los murciélagos porque no conocen todos sus beneficios. Los asocian con el mal, la obscuridad, las enfermedades y con todo lo negativo en el mundo.
Aunado a esto, algunos investigadores sin conocimiento y entendimiento real de lo que pasa con la pandemia culparon a los murciélagos del coronavirus. “Este virus llamado SARS-CoV-2 es exclusivo de los humanos, no proviene de los murciélagos”, acotó. Todavía no sabemos cuál es el origen de este agente patógeno, pero la realidad es que los murciélagos no nos contagiaron la enfermedad del coronavirus. “Si se nos acerca un murciélago no nos pasará nada”.
De hecho, el SARS-CoV-2 está emparentado con un virus de los murciélagos, que comparten el 96 por ciento del material genético. Esto significa que sólo tienen en común un ancestro de hace muchísimos siglos, y por lo tanto, no proviene de los mamíferos voladores.
Una de las amenazas más fuertes es el vandalismo en sus refugios, cuevas, árboles huecos, casitas donde se meten entre las tejas, porque la gente los quema, los mata, los ahuyenta, los dinamitan, les dan veneno y lo único que hacen es afectar la biodiversidad.
Medellín agregó que “necesitamos defenderlos, protegerlos y ayudarlos. Si en este momento alguien llegara con un murciélago dejaría esta entrevista de lado para revisarlo”, concluyó Rodrigo Medellín.



