ONU Noticias
El coronavirus es diez veces más mortal que la gripe, ha informado la Organización Mundial de la Salud este jueves.
Cuando se marcan cien días desde que China notificó el primer caso del virus, ya más de 80.000 personas han muerto.
Los casos ascienden a más de 1,3 millones, informó este miércoles el director de Organización, quien agradeció a los Estados Miembros y donantes que han logrado recaudar 800 millones de dólares para la respuesta global.
El doctor Tedros Adhanom Gebreyesus subrayó que se necesita más apoyo, ya que los países pobres y vulnerables pueden sufrir una “masiva devastación”.
“La ventana para contener el virus a nivel nacional y subnacional se está cerrando en muchos países. Las infecciones en África son relativamente pequeñas, pero están creciendo rápidamente”.
Este jueves la OMS ha publicado una actualización de estrategia técnica de respuesta que incluye una mirada sobre los países de ingresos bajos y medios, con sistemas de salud e infraestructura débiles, y con situación de conflicto y desplazamiento.





Debemos asumir que, de alguna manera, éste podría ser el primer ensayo global formal de la extinción de la humanidad. La única opción, como nos lo enseñó Charles Darwin, para que eso no suceda, es evolucionar. Dado que la ventana de tiempo es demasiado breve para evolucionar biológicamente, la alternativa es hacerlo como civilización, es decir, desde la cultura. Sin embargo, los recortes por parte de los gobiernos a la cultura, y el profundo desdén a la educación, sobre todo entendida como formación integral de la persona, definitivamente arriesga a países como el nuestro al círculo vicioso de la involución en vez de al desarrollo sostenible, que necesariamente se apoya en una población cultivada. Nos deshumanizamos, nos volvemos egoistas, desesperados, envidiosos, avaros, es decir, nos corrompemos en vez de iluminarnos. La corrupción nace del desprecio por el otro, que es la ignorancia de su calidad de igual. Un espíritu corrompido por la ausencia de conocimiento y sabiduría insistirá en que el pobre es pobre porque quiere, y que se es rico y/o poderoso por la voluntad divina, por genética y/o por la buena suerte. Algunos incluso creerán que sus muchos méritos (cualesquiera que estos sean) ameritan una posición privilegiada, y que los demás no merecen las mismas oportunidades, ni su apoyo o asistencia personal. Así, dejamos de preocuparnos, y de ocuparnos, por el Otro. La empatía y la solidaridad solamente surgen con el conocimiento y el reconocimiento de que necesitamos unos de otros, pero para eso necesitamos de las artes, de las humanidades, de las ciencias… y del AMOR (el reconocido psicoanalista Erich Fromm tuvo que admitirlo como científico), vaya (por uno mismo, por el Otro… por el mundo). Por eso necesitamos filosofía, literatura, artes, ciencias, o sea cultura,… para analizar, reflexionar y tomar mejores decisiones, unas que no sean inmediatas ni desesperadas, sino esperanzadas, imaginativas, luminosas, sensatas, incluyentes… Así: El Teatro nos enseñará de nuevo a comulgar, la Música a hallar armonía, la Pintura a procurar todos los colores y las formas, la Filosofía a formular las mejores preguntas a las Ciencias y a hallar respuestas esenciales, trascendentales, donde la ciencia no las pueda ver… La Política, por cierto, podría volver a ser algo parecido al arte de servir a la justa y libre convivencia, las Matemáticas nos mostrarían el código perfecto de la naturaleza, la Literatura nos abriría la ventana a todos los pensamientos y mundos paralelos habidos y por haber…ETCÉTERA. Sólo con una profunda comprensión de nuestra humanidad, y de nuestra limitadísima, vulnerable y EFÍMERA posición en el universo, aprenderemos a colaborar en vez de a competir… Sólo entonces, sólo entonces -quizá- tengamos algún futuro.
Su Servidor,
Jorge Prado Zavala.
Dr. en Humanidades por la Universidad Autónoma Metropolitana.
Docente-Tutor-Investigador del Instituto de Educación Media Superior de la CDMX.